PUEDES LLAMARME JENNY

Jennifer Heels | Puedes llamarme Jenny
Jennifer Heels | Puedes llamarme Jenny

Hace pocos meses alguien que no es de mi entorno me llamó Jenny. ¡Oh Dios mío! Cómo diría la novia más emblemática de Chandler de “Friends”. Y el mundo siguió girando y descubrí que yo había cambiado, mi nombre seguía siendo el mismo, pero una servidora ya no.

Siempre me ha gustado mi nombre, incluso en la época dorada de Los Morancos y su “Jenny tía”, pero hubo un tiempo no muy lejano en el que me enfadaba a niveles superlativos si alguien, al que yo me había presentado como Jennifer, me llamaba por su libre albedrío, Jenny.

Cuenta la leyenda que se avecinaba tormenta eléctrica si alguien pronunciaba este sonido, o incluso, que aparecía un espectro como cuando dices varias veces ese famoso nombre frente al espejo. Vamos que Troya ardiendo se quedaba a nivel usuario al lado de lo mío.

Era en mi época de Asesora Financiera en una conocida entidad bancaria, y así vivía el mundo “Jenny”, como si una etiqueta o diminutivo pudiera definir quien eres, o tu grado de valía.

Pero el otro día alguien, simple y llanamente, me llamó Jenny, y se hizo el silencio… No hubo tormenta ni fantasmas en el espejo, se habían ido.

ME GUSTÓ y mi corazón sonrió porque vi mi diminutivo como una muestra de cariño, y no como un sinónimo de “ser pequeña o de hacerme pequeña”. El diminutivo no me hacia de menos, me hacia libre.

ME GUSTÓ. Pero más me gustó el ver el por qué de ese cambio: ¡Bendita madurez!.

Miré más allá y vi cómo había cambiado no sólo esto, sino hasta mi manera de vestir, pues ésta no es más que el reflejo de cómo te sientes.

Antes mi estilo era mucho más ceñido y taconil, y ahora cada vez más me decanto por superposiciones, prendas oversizes, etc. Es decir no necesito mostrar nada de mi cuerpo para verme guapa, he aprendido a quererme mucho y bien desde que soy madre.

No tengo que demostrar nada (en ningún ámbito), sé quien soy más allá de la etiqueta.

Si muestro (cosa que me encanta, no voy a ir de defensora del taparse) es porque me apetece y me divierte, y de paso provoco a señoras remilgadas que etiquetan porque no dan más de sí, ¡Angelicas mías!.

He pasado dos embarazos en sólo 17 meses, y engordé en cada uno algo más de 20 kilos, ¡Ole yo!. Siempre me ví bien porque la razón del cambio en mi cuerpo era algo maravilloso. No sólo el cuerpo cambió… lo ví claro cuando escuché “Jenny”.

Es cierto que he vuelto a mi peso anterior, pero el cuerpo cambia, y sorprendentemente y lo digo de corazón, me gusta más. Ya no es tan perfecto desde el lado de “Jenny se acerca una tormenta eléctrica”, ahora es perfecto desde el lado de “Puedes llamarme Jenny”. Y entres estos lados de un mismo nombre sólo hay SEGURIDAD Y AMOR A UNA MISMA.

He comprendido de verdad de la buena que la belleza está en cómo te sientes por dentro, que si te amas de verdad, tu imagen será la más bonita que puedas ofrecer al mundo y tu seguridad hará que rompas esos límites tan absurdos como el sentirte pequeña porque te llamen con el diminutivo de tu nombre.

He roto mis límites y esto me permite pasármelo muy bien porque me he quitado la presión de la inmadurez.

Y esto se refleja también en mis estilismos, como el que os traigo hoy con un pichi un tanto desestructurado que no marca en absoluto mi figura, y me encanta. Estoy agradecida a mi cuerpo porque ha traído al mundo a Carla y a Olivier, así que voy a vestirlo cómo se merece ¿qué menos no?.

Puedes llamarme Jenny, es más debes hacerlo si me quieres, porque este diminutivo me hace recordar el gran regalo que ha supuesto madurar.

Quiérete y brilla,

Jenny

Vestido: MANGO
Top: MANGO
Zapatos: UN PASO MÁS BARCELONA
Collar: PIMIENTO ROSA
Chaqueta: MANGO
Gorra: STRADIVARIUS
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